TRES
Cuenta la historia que una sombra cobraba tres vidas una vez al mes.
Los aldeanos llegaron hasta hacer apuestas sobre quiénes serían los siguientes en ser reclamados por el misterioso ente.
Apostaban en qué fecha se presentaría, en qué lugar aparecería y hasta de qué sexo podía ser.
Sin embrago, después de un tiempo el juego cesó, ya que cada vez que un habitante acertaba en su apuesta, la misteriosa sombra, al parecer indignada por el infame juego a su costa, decidió comenzar a reclamar, a modo de premio, a los desdichados ganadores.
Las muertes a la que sometía a los infelices apostadores variaban según el grado de acierto del desgraciado. Así el primero podía morir descuartizado, mutilado o quemado; mientras que el segundo podía sucumbir ahogado; el tercero, por su parte, lo acababa un disparo bien puesto o una estocada certera en el corazón.
Los pueblerinos hartos de aquella macabra cacería decidieron abandonar la aldea en una forma de evitar su cada vez más evidente muertes.
—Esta vez lo conseguiremos —decían los más optimistas.
—Nos perseguirá hasta donde vayamos —decían los menos entusiastas.
—Yo no me muevo de aquí aunque eso me cueste la vida —proclamaban los más osados.
Así tras largas discusiones, los habitantes se dividieron en tres grandes grupos: el de los optimistas se fue a probar suerte a la gran ciudad; el de los cobardes optó por una aldea cercana sin mucha convicción de burlar a la muerte; y los osados siguieron sus vidas en la aldea que los había visto nacer y que, sin duda, los vería morir.
La cruel sombra al verse en medio de un pueblo cuasi fantasma decidió cambiar de táctica. Enfurecida y herida por el perverso intento de burlarla, optó por llevarse de una sola vez sus tres acostumbras almas. Así que sin más, con una plaga para cada grupo reclamó su cuota mensual de vidas y al verse sin aldeanos por cobrar, tomó sus cosas y se mudó de pueblo en busca de una nueva fuente de trabajo.
