jueves 28 de mayo de 2009

TRES

TRES

Cuenta la historia que una sombra cobraba tres vidas una vez al mes.

Los aldeanos llegaron hasta hacer apuestas sobre quiénes serían los siguientes en ser reclamados por el misterioso ente.

Apostaban en qué fecha se presentaría, en qué lugar aparecería y hasta de qué sexo podía ser.

Sin embrago, después de un tiempo el juego cesó, ya que cada vez que un habitante acertaba en su apuesta, la misteriosa sombra, al parecer indignada por el infame juego a su costa, decidió comenzar a reclamar, a modo de premio, a los desdichados ganadores.

Las muertes a la que sometía a los infelices apostadores variaban según el grado de acierto del desgraciado. Así el primero podía morir descuartizado, mutilado o quemado; mientras que el segundo podía sucumbir ahogado; el tercero, por su parte, lo acababa un disparo bien puesto o una estocada certera en el corazón.

Los pueblerinos hartos de aquella macabra cacería decidieron abandonar la aldea en una forma de evitar su cada vez más evidente muertes.

—Esta vez lo conseguiremos —decían los más optimistas.

—Nos perseguirá hasta donde vayamos —decían los menos entusiastas.

—Yo no me muevo de aquí aunque eso me cueste la vida —proclamaban los más osados.

Así tras largas discusiones, los habitantes se dividieron en tres grandes grupos: el de los optimistas se fue a probar suerte a la gran ciudad; el de los cobardes optó por una aldea cercana sin mucha convicción de burlar a la muerte; y los osados siguieron sus vidas en la aldea que los había visto nacer y que, sin duda, los vería morir.

La cruel sombra al verse en medio de un pueblo cuasi fantasma decidió cambiar de táctica. Enfurecida y herida por el perverso intento de burlarla, optó por llevarse de una sola vez sus tres acostumbras almas. Así que sin más, con una plaga para cada grupo reclamó su cuota mensual de vidas y al verse sin aldeanos por cobrar, tomó sus cosas y se mudó de pueblo en busca de una nueva fuente de trabajo.

lunes 6 de abril de 2009

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Dea era una mujer que a sus cuarenta años nunca se había enamorado y tampoco era que lo lamentase mucho.
Ella solía vivir consagrada a suus deberes y rara vez se detenía a disfrutar un poco de las pequeñas cosas de la vida, pero aquello no plateaba un problema para su tan planeada existencia. Cualquier cosa que pudiese amenazar su línea de trabajo, ella lo rechazaba sin pararse a pensar si hubiese sido positivo aceptarlo.
Desde pequeña se le había enseñado una forma de vida metódica, como la única manera de alcanzar el éxito.
Su madre y su padre eran rigurosos y ejemplares modelos de este estilo de vida; y sus abuelos y bisabuelos fueron los mejores exponentes de tan singular pensamiento, los cuales se habían ido a la tumba convencidos de los buenos resultados que aquel proceso daba.
Dea siempre vivió trabajando arduamente por alcanzar sus metas. Dejó pasar miles de sonrisas y cientos de límpias miradas por estar centrada siempre en un objetivo fijo.
Siempre desdeñó pedir un número de teléfono si aquello significaba desviarse de su camino tan rigurosamente trazada. Nunca disfrutó de un rato de relajación si aquello significaba desprenderse de su notebook de trabajo.
Contrajo matrimonio a una edad algo avanzada y sólo porque aquello estaba dentro de sus planes. No tuvo hijos porque aquello hubiese significado una distracción en su trabajo. Se divorció sólo porque dentro de su planificación de vida así estaba estipulado. Sin embargo, falleció de una forma que ni ella pudo prever y, por ende, todo lo que logró conseguir en su corta y aburrida vida se esfumó como si nunca hubiese existido.

martes 9 de diciembre de 2008

Me miró con sus profundos ojos, yo simplemente me perdí en ellos.

El pequeño asesino


Cuento XI: El Pequeño asesino

José era un asesino que a su corta edad había matado a más de cincuenta personas de la forma más cruel que se pueda imaginar.
Él era un tipo bastante solitario que le encantaba el frío y la oscuridad, fachada que encajaba perfectamente con su perfil de asesino.
José guardaba en su memoria cada uno de los asesinatos que había cometido y solía recordarlos cada día, se regocijaba con traer al presente cada uno de los detalles.
A José no le gustaba mucho el trato con otras personas y cada vez que tenía algún problema con alguna de ellas, se daba por hecho que esa misma noche sería asesinada.
Su modo de proseguir era bastante peculiar: se encerraba en su habitación, apagaba todas las luces y pedía que no lo molestaran, luego se tendía sobre la cama y cerraba los ojos, se concentraba en la persona con la q había tenido el problema e imaginaba todas las cosas que quería que sucedieran de una forma bastante detallada.
A José, su forma de prodeguir nunca le falló, por medio de su mente logró asesinar y torturar a todos aquellos en que fijó su atención.
José a su diez años era un chico bastante introvertido que guardaba un gran secreto: en su mente cargaba con más de cincuenta asesinatos.









Bueno, después de mil siglos vuelvo con algo mío, no con una recopilación de internet.
Si no me equivoco, esta cosa la escribí en una entretenida clase de "Chirola" XD, así q no prometo nada bueno.
En fin, la imagen q está en un costado la robre del sgte link: http://pinheadx.deviantart.com/art/retrato-de-un-asesino-21316095
así que si el dueño de esta ilustración algún día, por casualidad encunetra este dibujo aquí, al menos vea q su pag está citada XD.


Bueno eso es todo, besos y adiós

miércoles 15 de octubre de 2008

La LLorona

En la época del Ahuizotl (aproximadamente en el año 1502) se avistaba en el lago de Texcoco una figura blanca, casi espectral la cual daba tremendos gritos y lamentos que se extendían en el agua, y se escuchaban en los templos, asi como en el Teocali palacio del emperador Moctezuma o Montezuma:
Los cuatros sacerdotes aguardaban espectrantes.

Sus ojillos vivaces iban del cielo estrellado en donde señoreaba la gran luna blanca, al espejo argentino del lago de Texcoco, en donde las bandadas de patos silenciosos bajaban en busca de los gordos ajolotes.

Después confrontaban el movimiento de las constelaciones estelares para determinar la hora, con sus profundos conocimientos de la astronomía.
De pronto estalló el grito....Era un alarido lastimoso, hiriente, sobrecogedor. Un sonido agudo como escapado de la garganta de una mujer en agonía. El grito se fue extendiendo sobre el agua, rebotando contra los montes y enroscándose en las alfardas y en los taludes de los templos, rebotó en el Gran Teocali dedicado al Dios Huitzilopochtli, que comenzara a construir Tizoc en 1481 para terminarlo Ahuizotl en 1502 si las crónicas antiguas han sido bien interpretadas y parecio quedar flotando en el maravilloso palacio del entonces Emperador Moctezuma Xocoyótzin.

-- Es Cihuacoatl! -- exclamó el más viejo de los cuatro sacerdotes que aguardaban el portento.

-- La Diosa ha salido de las aguas y bajado de la montaña para prevenirnos nuevamente --, agregó el otro interrogador de las estrellas y la noche.

Subieron al lugar más alto del templo y pudieron ver hacia el oriente una figura blanca, con el pelo peinado de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan vaporosa que jugueteaba con el fresco de la noche plenilunar.

Cuando se hubo opacado el grito y sus ecos se perdieron a lo lejos, por el rumbo del señorío de Texcocan todo quedó en silencio, sombras ominosas huyeron hacias las aguas hasta que el pavor fue roto por algo que los sacerdotes primero y después Fray Bernandino de Sahagún interpretaron de este modo:

"...Hijos míos... amados hijos del Anáhuac, vuestra destrucción está próxima...."

Venía otra sarta de lamentos igualmente dolorosos y conmovedores, para decir, cuando ya se alejaba hacia la colina que cubría las faldas de los montes:

"...A dónde iréis.... a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino.... hijos míos, estáis a punto de perderos..."

Al oir estas palabras que más tarde comprobaron los augures, los cuatro sacerdotes estuvieron de acuerdo en que aquella fantasmal aparición que llenaba de terror a las gentes de la gran Tenochtitlán, era la misma Diosa Cihuacoatl, la deidad protectora de la raza, aquella buena madre que había heredado a los dioses para finalmentente depositar su poder y sabiduría en Tilpotoncátzin en ese tiempo poseedor de su dignidad sacerdotal.

El emperador Moctezuma Xocoyótzin se atuzó el bigote ralo que parecía escurrirle por la comisura de sus labios, se alisó con una mano la barba de pelos escasos y entrecanos y clavó sus ojillos vivaces aunque tímidos, en el viejo códice dibujado sobre la atezada superficie de amatl y que se guardaba en los archivos del imperio tal vez desde los tiempos de Itzcoatl y Tlacaelel.

El emperador Moctezuma, como todos los que no están iniciados en el conocimiento de la hierática escritura, sólo miraba con asombro los códices multicolores, hasta que los sacerdotes, después de hacer una reverencia, le interpretaron lo allí escrito.

---Señor, -- le dijeron --, estos viejos anuales nos hablan de que la Diosa Cihuacoatl aparecerá según el sexto pronóstico de los agoreros, para anunciarnos la destrucción de vuestro imperio.

Dicen aquí los sabios más sabios y más antiguos que nosotros, que hombres extraños vendrán por el Oriente y sojuzgarán a tu pueblo y a ti mismo y tú y los tuyos serán de muchos lloros y grandes penas y que tu raza desaparecerá devorada y nuestros dioses humillados por otros dioses más poderosos.

--- Dioses más poderosos que nuestro Dios Huitzilopochtli, y que el Gran Destructor Tezcatlipoca y que nuestros formidables dioses de la guerra y de la sangre? -- preguntó Moctezuma bajando la cabeza con temor y humildad.

--- Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros, señor. Por eso la Diosa Cihuacoatl vaga por el anáhuac lanzando lloros y arrastrando penas, gritando para que oigan quienes sepan oír, las desdichas que han de llegar muy pronto a vuestro Imperio.
Moctezuma guardó silencio y se quedó pensativo, hundido en su gran trono de alabastro y esmeraldas; entonces los cuatro sacerdotes volvieron a doblar los pasmosos códices y se retiraron también en silencio, para ir a depositar de nuevo en los archivos imperiales, aquello que dejaron escrito los más sabios y más viejos.

Aquellos hombres de Oriente no eran mas que los españoles dirigidos por Hernan Cortez y despues de la caída de Tenochtitlán tanto aztecas como los pueblos subyugados por ellos sufrirían las mas grandes atrocidades jamas vistas. Las mujeres serían violadas, los hombres asesinados y sus dioses olvidados a excepción de La llorona...

Historia recopilada en internet

viernes 25 de julio de 2008

Si bien la Vida es su legítima esposa, la Muerte es su verdadera amante.

martes 17 de junio de 2008

Y así el león se enamoró de la oveja.
-Que oveja más estúpida.
-Que león más morboso y mazoquista.




Crepúsculo